jueves, 5 de abril de 2012

El arte de Malvender


Hace muchos años estuve de visita por Barcelona con el que era mi novio americano. Kirk, que así se llama, decidió irse a unos grandes almacenes para comprar unas camisas. Al estar de turistas, nuestra vestimenta era cómoda para recorrer las calles tranquilamente. Como era de esperar, el chico no sabía otro idioma que el inglés, así que nos comunicábamos en esa lengua. Mientras mirábamos ropa para él, dos vendedores nos escanearon por todos lados. No paraban de criticar en español la forma que vestíamos, la clase... Mientras, yo seguía hablando con Kirk en inglés, discutiendo qué prenda le servía o no... Hasta que él se decidió por dos camisas. Me acerqué a los dos vendedores que nos habían criticado y les pregunté: "¿Tendría una talla mayor?"... La cara de los vendedores se les alargó hasta el suelo: ¡Les había entendido! Me imagino que en ese momento hubieran querido ser comidos por un dinosaurio. Tuvieron suerte y, al final, a pesar de todo, les compramos las camisas... Pero no creo que hayan cometido ese error nunca más.

El caso contrario pasó en una tienda de zapatos muy caros. El día que entré estaba en pantalones vaqueros, zapatos cómodos y una camisa de lo más normal. En ningún momento me sentí escaneada por las dependientas: siempre estuvieron muy atentas conmigo y acabé comprándome un par de zapatos, lo más caro que me he comprado en mi vida. Y fue una gran inversión.

El otro día me fui con una amiga a una tienda super-exclusiva. Quería ver qué trajes podían haber para mi hija para una celebración familiar: mi boda con mi pareja. Yo ya tenía previsto hacerme el traje con una costurera, así que no estaba preocupada por lo que me fuera a poner yo. Entramos mi amiga, su hija mayor, de tres años, mi hija y yo. Venus se quedó por fuera, como siempre. Las dos personas que estaban en la tienda especializada estaban al móvil. Decidimos que, mientras tanto, echaríamos un vistazo para averiguar por nosotras mismas a ver si veíamos algo para la niña. Llevábamos más de diez minutos esperando y nadie más había entrado. Cuando terminamos de esperar a que colgara uno de los dos, de ver el estilo de ropa que había y de haber decidido que no había nada para nosotros, le comenté a mi amiga: "Vámonos de aquí, podemos ir a Santa Cruz...". Cuando estábamos a punto de marcharnos, parece que el chico decidió colgar para atendernos: nos había escuchado. Luego también colgó ella y empezó a atendernos. En el momento en que se enteró que era para mi boda, me preguntó por mi traje. Cuando le dije cómo estaban los preparativos, se echó las manos a la cabeza. Todo lo que decía que había hecho era "un error". No paraba de intentar esgrimir sus motivos por los cuales estaba escandalizada por todo lo que le había contado. Mi amiga parece que se unió a la fiesta y me pidió que me probara uno de los vestidos que me ofrecían: la miré con cara de cordero degollado. No entendía nada: ¿No notaba que lo que quería era salir huyendo de allí? En fin, que me probé el vestido: no era mi estilo. Pero la dependienta no paraba de decir lo bien que me quedaba. No quiso oír nada acerca de lo que me gustaba: tan sólo valía su criterio. Al final le revolvimos la tienda hora y media y no compramos nada, tal como lo quería mi amiga. Según ella, se lo merecían. Y no le faltaba razón.

¿Qué falló?:

- Juzgar a tu cliente prospectivo por su aspecto antes de que abra la boca. En el peor de los casos, lograrás que se enfade y no te compre nada, a pesar de llevar encima una Visa Oro.
- No hacer caso del cliente prospectivo que va a ti a verte, seguir ignorándolo, aunque sea tan sólo por un minuto. Si alguien va a verte, tienes que dejar lo que estés haciendo, porque es tu preferencia número uno. El cliente te da de comer.
- Cuando no tienes la suerte de que tu cliente prospectivo va a ver lo que tienes que ofrecer, ir tú a por él. Una vez más, tu cliente te da de comer.
- No escuchar a tu cliente prospectivo en sus preferencias. Superponer tu criterio, a pesar de que esa persona quiera que escuches lo que tiene que decir.
- Intentar convencer a tu cliente de que todo lo que ha hecho está mal, que tus decisiones son las únicas válidas. Lo mejor es persuadir con psicología para que esta persona pueda entender tu punto de vista... quizá consigas que cambie de idea.
- Intentar convencer a tu cliente prospectivo para que cambie de opinión criticando todo lo que piensa, dice o hace, aún cuando tenga las ideas claras (aunque esté confundido según tu forma de pensar). Lo que conseguirás es que el cliente prospectivo se marche enfadado y escribiendo en un blog como éste lo pésimo que lo trataste.
- Dar prisa a tu cliente prospectivo para que se decida a tomar una decisión, aún cuando es más que evidente que tu cliente prospectivo dejará de serlo para ser una persona insatisfecha con el trato que se le ha dado. Además, no debes de parecer desesperado por vender: tienes que darle aire a tu cliente prospectivo. Puede que, ese día no te compre nada, pero es posible que más adelante decida requerir tus servicios.

Lo que hay que hacer, antes que nada, es escuchar a tu cliente prospectivo: sabiendo lo que le interesa, tienes una oportunidad única de saber cómo hacerle entender que, lo que le ofreces es verdaderamente lo que necesita. Si no, te aseguro que estás perdido: puedes gastar dinero en publicidad que, cuando tu cliente prospectivo llegue a ti, lo único que lograrás es espantarlo.

miércoles, 4 de abril de 2012

El complejo de Edipo moderno



Tengo una conocida que se va a divorciar. Llevan muchos años juntos, entre noviazgo y matrimonio; tienen una preciosa casa, un hijo maravilloso, han soportado los vaivenes de la vida juntos... pero hay una gran brecha que los separa: la mamá de él. Él está yendo al psiquiatra por otros motivos que no vienen a cuento. Confío en que el que le esté tratando note que hay algo que no funciona en su relación de pareja. "Martin McFly" prefiere estar con "Linda McFly", en vez de querer estar con "Jennifer Parker" y su hijo. Su hijo puede tener un espectáculo importante en el cole, que siempre será mejor ir de compras con mamá... Todo con tal de estar a su lado. Incluso la relación con su hijo es distante, como que ese niño no le "pertenece". Espero que la criatura no tenga secuelas en el futuro. "Jennifer" está hasta las narices de seguir remando sola en la relación pendiente de casa e hijo como si fuera una madre soltera. Siente como que está compartiendo su vida con un compañero de piso, más que con un amigo, amante... marido. Mejor sola, que no acompañada.

Hay otro ejemplo en el cual un hijo decide, muy valerosamente, que se va a ocupar de su madre, después de que ésta se haya divorciado de su marido. El hijo no sólo la apoya económicamente, sino también la acompaña los fines de semana a donde ella quiera. Sus dos hermanos tienen su vida independiente de su madre e incluso pareja e hijos... Él continua dedicando todos sus esfuerzos a mantener a su madre, que lo ha pasado mal en la vida criando a sus hijos prácticamente sola. No tiene tiempo de "escaparse" y hacer una vida "normal" (si eso existe): conocer a alguien , salir con gente de su edad, enamorarse... Es posible que su timidez tenga parte de culpa y que crea que él es el único responsable del bienestar de su madre. Lo que sí pienso es que esta relación más parece una de una pareja, la única diferencia es que no hay intimidad entre ellos.

El último ejemplo es la prolongación del anterior. En este caso, durante muchos años convivió un trío... un tanto extraño. Los padres nunca se separaron y "Martin" seguía viviendo con ellos. Con la connivencia de la madre, el hijo se comportaba como el padre hacia su propio padre: echándole la bronca por lo que hiciera mal, aunque fuera un señor mayor y no tuviera la agilidad de antaño. Mientras tanto, Martin favorecía a su madre, la mimaba en todos los caprichos que ella quisiera y le reía las gracias. Un día "George McFly" cortó sus ataduras con este mundo y dejó a Linda y Martin por fin solos. La convivencia fue la de una pareja, donde él iba a trabajar y ella se quedaba en casa haciéndole la comida, aún cuando ya él podía valerse por sí mismo. El dúo estuvo bien... hasta que, de nuevo, inevitablemente, se convirtió en un trío. Martin, después de sesenta años de soltería y de no conocerse pareja formal, encuentra a una persona de la que se enamora... Ya la madre no es la preferencia de su hijo, ya no es la esposa de su hijo: ha traído un amante a su casa... y encima no puede decir nada, porque... ¡es lo normal!

Aquí quien tiene la mayor culpa son las madres: una, porque acapara a su hijo aprovechándose de la necesidad enfermiza que tiene de ella; la otra, por hacerse la mártir, aprovecharse de la bondad de su hijo y no darle respiro para que haga una vida como un chico de su edad; la última, por no haber tenido una relación sana con su marido y permitir que el hijo tomara el papel de cabeza de familia a cambio de que se hiciera lo que ella quisiera. Lo malo es que ellas  y sus hijos no son las únicas que sufren las consecuencias: también están una esposa, un hijo, los otros hijos de esa madre (que han sido lo suficientemente "egoístas" para hacer su vida) y la pareja.

Quien diga que ya no hay Martin McFlys, se equivocan. Hay un país que los tiene a patadas: Italia... ¿Quién se atreve hacerle sombra a la "Mamma"?

jueves, 3 de noviembre de 2011

¿Has sufrido mobbing al conducir?

Por suerte o por desgracia, tengo que utilizar el coche todos los días. Normalmente, conduzco por ciudad, pero, por motivos personales o profesionales, tengo que hacer desplazamientos de 150 km. ida y vuelta. Todo hay que decirlo, mi forma de conducir varía si voy sola o acompañada. Si hay alguien conmigo, suelo ser más conservadora; si voy sola, arriesgo un poco más y puedo ir un poco más rápido... Eso sí, siempre con la prudencia en mente.

Un día, por asuntos laborales, estaba conduciendo tan tranquila, cuando, al adelantar a otro coche que iba más lento, el que venía por detrás, se me pegó a la parte de atrás del coche. Se ve que tenía prisa y tenía que hostigar a los demás para llegar él a tiempo. La situación hizo que me pusiera el pulso a cien y, en cuanto pude, me aparté a la derecha. Al final salió por la siguiente salida de la autopista.



El coche estaba rotulado y se me ocurrió llamar a la empresa cuando me había adelantado... ¿Cómo se me ocurrió? No lo sé, supongo que tenía que hacer algo con los nervios que me había causado... Además de acordarme que, en Estados Unidos había visto un camión rotulado en el que ponía: "Repórtame si conduzco mal. Teléfono: 555...". Me imagino que la pregunta que tienen ahora es: ¿Qué les dijiste? ¿Cómo reaccionaron? Pues me atendió una chica que, en un principio, se asombró. Luego, cuando le expliqué la situación, me pidió la matrícula del coche y simpatizó conmigo. Me comentó que tomaría cartas en el asunto. No sé si lo hizo, pero me sentí mejor al desahogarme.

Hace algo más de un mes, volviendo del sur de Tenerife con mi hija y mi perra, tuve una situación parecida. Parecida, porque el conductor (temo decir que, la mayoría de las veces, son hombres) se me pegó a mi coche peligrosamente. Me puso el intermitente de la izquierda, como diciendo que estaba detrás y que quería adelantarme. Ojalá hubiera podido ponerme a la derecha, pero la vía estaba llena de coches, tanto a la derecha, como delante: no iba a conseguir nada adelantándome. Siguió con su actitud y decidí tomar cartas en el asunto: al no estar rotulado, mi opción era llamar a la Guardia Civil. Gracias al manos libres, mientras se estaba produciendo el "ataque", les llamé. Me atendieron y me recomendaron que fuera a un puesto de la Guardia Civil para reportar la mala conducta. Cuando el conductor me adelantó, me hizo señas de que me iba a dar una paliza. Me lo pensé, porque una vez me pasó lo mismo por la autopista del norte, llamé y me sugirieron que me presentara en la Guardia Civil y no lo hice.

Esta vez decidí hacerlo. Tardé un poco más en llegar a casa, pero me sentí mejor al hacerlo. Allí me apoyaron la iniciativa y me incitaron a hacerlo cada vez que me pasara. Les pregunté qué pasaría: si me iban a llamar a declarar, qué pasaría con él, si él sabría quién era yo... Me comentaron que, según lo que yo haya puesto, pueden ponerle directamente una multa por mala conducta y, en el peor de los casos, iríamos a juicio.  

Valió la pena, porque no voy a dejar que me pase más... No dejes que salgan impunes.

jueves, 13 de octubre de 2011

Ningún extremo es bueno

En Julio hubo una cadena de atentados en Irak. Un país asolado por una guerra sin contornos definidos, donde no se sabe quién ha ganado. Una guerra que comenzó con una excusa (armas de destrucción masiva pendientes de destruir). El derrocamiento del dictador no supuso el supuesto fin de la confrontación. Esta guerra ha dejado atrás un país dividido en varios grupos étnicos, que no quieren ser dominados por los demás. Un país en el que las personas, cuando se despiden, lo hacen para siempre (por si acaso).

Ese mismo mes nos sorprendió con unos atentados cometidos (que se sepa hasta ahora) por una persona. En un país donde no había pasado nada, uno de los lugares más tranquilos y pacíficos del mundo: Noruega. Este señor decidió matar porque pensaba que los miembros del partido socialista eran una amenaza para el pueblo noruego. Como un Hitler cualquiera, quiso reproducir una masacre de los "no-puros", los que no se merecían ser llamados noruegos...

Todos estos son ejemplos de extremos... Ni en contra de los que ponen bombas en Irak, ni a favor de los que piensan que los que son distintos son una amenaza. En todos los casos estamos hablando de extremos que no hacen más que daño.

Personalmente, como suelo decir, no comulgo con la Iglesia, por muchos motivos. Pero eso no significa que vaya a atacar a las personas que piensan distinto que yo o que tenga distinta apariencia que yo. Por desgracia en todos los ejemplos que he dado, la religión ha sido la fuerza detrás de estos ataques contra otras personas.    Han utilizado su religión para justificar el daño cometido. Los de Irak creyendo que al convertirte en mártir, te van a esperar 10,000 vírgenes en el cielo. El de Noruega, creyendo que un tipo de persona que no se ajuste a los estándares europeos (cristiano, raza aria...) no es digno de estar vivo. Y estoy segura de que todas las religiones del mundo pregonan el hacer el bien a los demás, sean quien sean.

domingo, 12 de junio de 2011

Cómo matar una ciudad

Para matar a una ciudad, necesitamos varios ingredientes:

- Grandes dosis de desidia.
- Conformismo puro.
- Ganas de lucro de la mejor calidad.
- Desinterés general.
- División de la población.
- Egoísmo en altas dosis.

También necesitamos varios agentes que produzcan la mezcla idónea para el propósito requerido:

- Población dividida entre dos o más ideologías, ya sea por convicción propia o inducida.
- La gran mayoría de empleados de las empresas del sector que mantiene esta ciudad trabajando como el típico funcionario: poco trabajo, pocas ganas de progresar y reciclarse, muchos años en servicio y muchas ganas de tener muchos beneficios.
- La mayoría de empresas del sector que mantienen esta ciudad que no invierten en amortizar sus bienes, tan sólo recogen beneficios a lo largo de los años y luego piden ayudas a las instituciones públicas.
- Las empresas dependientes del sector principal no hacen nada para destacar sobre las demás: ofrecen lo mismo en cada esquina a sus clientes.
- Medios de comunicación que vierten comentarios muy positivos sobre ciertas ideologías y muy negativos sobre las demás, induciendo a la población a pensar de una forma u otra.
- Entidades públicas que ayudan a estas empresas para que hagan los cambios/remodelaciones pertinentes, ofreciéndoles ayuda a costa de los ciudadanos, aún cuando éstas no han hecho un plan de amortización.
- Entidades públicas que no ayudan a algunas empresas a hacer cambios/remodelaciones, aún cuando han pedido permiso de obras.
- Políticos que, públicamente, comentan que no van a hacer nada por el sector que mantiene a esa ciudad, porque no lo entienden.
- Entidades públicas que crean comisiones para la mejora de esta ciudad y que no quieren ver o no entienden el problema real.

Con esto se consigue:

- Una población que no tiene futuro laboral.
- Los empleados que ven el problema y sienten que solos no pueden hacer nada, se trasladan a otras poblaciones donde sí hay iniciativa y cambio.... muy a su pesar, pero quieren progresar y seguir su vida.
- Las empresas terminan con unos clientes que, a pesar de la fidelidad a lo largo de los años, notan que los servicios que se le ofrecen son cada vez peores y que no vuelven, por descontento... o porque se mueren.
- Las empresas interesantes, que pueden ofrecer el cambio, no ven a esta ciudad como lugar para inversión.
- Los medios de comunicación dejarán de tener razón de ser, ya que no habrá nada que criticar (todo ya estará acabado).
- Los políticos no tendrán con qué, ni a quién gobernar.
- La ciudad se convertirá en fantasma y pronto nadie se acordará de su antiguo resplandor.


domingo, 15 de mayo de 2011

Tiempos revueltos

¿No parece como si los acontecimientos históricos están sucediéndose cada vez más deprisa? ¿Que los avances técnicos son una vorágine continua de novedades? ¿Que lo que antes nos parecía inamovible ahora resulta que puede desaparecer en cualquier momento? A modo de ejemplo:

- Hace menos de diez años sufrimos las imágenes de las Torres Gemelas desplomándose en Nueva York. Esta acción fue precedente de la guerra de Afganistán, la invasión de Irak, la ejecución de Sadam Hussein y la semana pasada el asesinato de Osama Bin Laden por parte de Estados Unidos.


- Hasta el otro día, si queríamos compartir un archivo para ser modificado (como bases de datos), teníamos que guardar los cambios y cerrarlo en una red compartida para que el compañero pudiera hacer sus propias modificaciones en su ordenador. Ahora no se necesita ni siquiera un ordenador determinado: Se puede trabajar al mismo tiempo dentro de un mismo archivo, sin necesidad de red compartida. Esto será la muerte de los pen -drive... Y esto es tan sólo un ejemplo, por no mencionar los cambios que ha habido en el uso del móvil en estos cuatro-cinco años...


- Los regímenes políticos de muchos países musulmanes llevaban más de veinte años sin que nada ni nadie obstaculizara cualquier decisión, ya fuera incluso contra sus propios congéneres. La conciencia despierta, el hartazgo y, por qué no decirlo, la conexión de las personas a través de las redes sociales han conseguido que regímenes tan asentados como el egipcio hayan sido eliminados... Aunque no sabemos en qué parará esta situación. Esperamos que para bien...


El 15 de Mayo ha habido una manifestación conjunta en más de 54 ciudades de España. El lema principal ha sido la indignación que se siente porque los banqueros y políticos tratan a los ciudadanos como si fueran mercancía. Los jóvenes (y los no tanto) no tenemos mucho que perder, por muchos motivos: muchos sin trabajo, los más afortunados con trabajos más que precarios, sin posesiones que perder, con ganas de cambiar la situación y volvernos un mucho islandeses. No he podido participar en la de Santa Cruz de Tenerife, pero me alegra saber que fue bastante gente y que tan sólo unos pocos aprovecharon para hacer un poco el ganso...


Y en una semana se van a celebrar las elecciones municipales y autonómicas. En toda España, los dos partidos mayoritarios se disputan sus "feudos", como si tan sólo existieran ellos en el ruedo. Quiero creer que los tiempos están cambiando, que deben de cambiar: hay que romper ese bipartidismo que estamos sufriendo desde casi los comienzos de la era de la democracia. A cada vez más personas no nos convencen los lemas de "dame la oportunidad de gobernar, porque los que están son los culpables de la situación", ni "dadnos más tiempo para que veáis como va a mejorar todo". Ni uno con sus argumentos peleones, ni los otros con los defensivos: cada vez más gente piensa que ¡Basta ya!. Creo que nuestra responsabilidad como posibles votantes debe ser la de informarse de las otras elecciones posibles y decidir lo siguiente:

- Votar cualquier otra opción que no sean los partidos de siempre (y en Canarias también incluiría a otro que pone Canarias en su nombre: en otras palabras, esos partidos que están en el poder).

- Votar nulo, lo que da a conocer la insatisfacción de la ciudadanía, haciendo que tu voto no vaya a ningún partido.

- Votar en blanco, lo que haría que tu voto fuera a la candidatura más votada (personalmente, no lo recomiendo, pero existe esta opción).

Lo que no pienso hacer este próximo 22 de Mayo es quedarme en casa y dejar que el poder de decisión lo decidan los demás: quiero tener la oportunidad de poder quejarme en caso de que los gobernantes que hemos elegido entre todos no hagan lo que han prometido. Sí, vivimos en una situación de desencanto, pero nuestra paciencia tiene un límite. Los tiempos están revueltos y no tengo miedo: lo tienen quienes tienen mucho que perder...